No, Galicia no se está volviendo "extrema":
Una observación empírica de 50 años (y 2.000 de historia)
El clima atlántico de Galicia sigue siendo el mismo. Lo que hemos perdido son los medios de protección natural que teníamos. Esta es la prueba.
📰 Prólogo: Una Conversación en la Barra
En nuestro local, como en muchos bares de barrio, tenemos una pila de periódicos. De esos de papel, de alcance nacional y local. Y cada mañana, fieles a su ritual, entran los mismos clientes. No vienen solo por el café caliente (que también), vienen por el hábito, por la charla, por leer las noticias con el primer sorbo del día.
Llevamos meses en los que, literalmente, no ha parado de llover en Galicia. Y con la lluvia, en la televisión y en esos mismos periódicos, han llegado unos titulares que, con todo el respeto, rozan la ignorancia absoluta sobre lo que es vivir aquí. Titulares cortos, urgentes, sin ningún estudio de las causas que hay debajo. Puro cortoplacismo visual.
"Aquí ahora lo llaman anomalía climática". Esa ha sido la portada repetida. La misma que teníamos delante, sobre la barra, hace un par de días.
Fue entonces cuando algunos de esos buenos clientes mañaneros –gente de diversas edades, incluyendo alguno que ya pasa de los 80 y lleva toda una vida aquí– empezaron a hablar del tema. No fue una queja. Fue una conversación con perspectiva histórica, con memoria de cómo eran las cosas, mientras afuera caía el mismo orballo de siempre.
Esta reflexión, nacida en una barra de bar, con el periódico que habla de "anomalías" como testigo mudo, es la que quiero desarrollar aquí. Porque llamar anomalía a nuestra normalidad no es solo un error. Es borrar la memoria del lugar.
Con el permiso de los participantes en esta emocionante charla de barra de bar, voy a desarrollar lo que aquí se discutió. Puedes conocer más sobre nosotros aquí.
📑 Índice de Contenidos
- Introducción: El Hastío del Alarmismo
- Evidencia 1: Los Ingenieros Romanos ya lo Sabían
- Evidencia 2: La Arquitectura Popular no Miente
- Evidencia 3: Mucha Lluvia, Pocas Inundaciones
- Evidencia 4: Los Testigos Literarios
- Evidencia 5: El Dato Objetivo: Santiago desde 1866
- Evidencia 6: Diseño Urbano Medieval
- Lo que SÍ ha Cambiado: Las Carballeiras Taladas
- Lo que SÍ ha Cambiado: La Invasión del Eucalipto
- Conclusión: La Ironía Final
🌫️ Introducción: El Hastío del Alarmismo
En el grupo que nos reunimos aquella mañana había gente de diversas edades: desde los 50 años hasta bien pasados los 80. Con perspectiva de más de ocho décadas de vida aquí, cubriendo desde los años 40 hasta hoy. La conclusión fue unánime: hemos visto más días grises y de lluvia que de cielo azul despejado. Esa es la verdad sin adornos.
Ver términos como "lluvia extrema en Galicia" o "verano más caluroso del siglo" en la televisión produce una mezcla de molestia y repugnancia. Es una falta de respeto al sentido común acumulado por generaciones.
Quienes escriben esos titulares, evidentemente, no son de aquí. Esta reflexión sí lo es. No es una negación, es una observación.
Y la observación es simple: El clima atlántico de Galicia no ha cambiado. Lo que ha cambiado es el paisaje que nos protegía de él.
🏛️ PRIMERA PARTE: La Evidencia Inmutable
Lo que NO ha cambiado (6 pruebas históricas)
1. Los Ingenieros Romanos ya lo Sabían: Puentes, Calzadas y Drenajes
Si algo saben hacer bien los romanos, es construir para la eternidad. Y cuando construyeron en Galicia, lo hicieron sabiendo exactamente con qué se enfrentaban.
Los Tajamares de los Puentes
Los puentes romanos gallegos tienen algo característico: tajamares. Esos salientes en forma de cuña o proa que "cortan" el agua. Ejemplos claros:
- Ponte Maceira (sobre el río Tambre): Tajamares pronunciados para resistir las crecidas atlánticas.
- Ponte Romana de Ourense (sobre el Miño): Diseñada para soportar el caudal de uno de los ríos más caudalosos de Galicia.
- Ponte do Porto (Lugo): Con contrafuertes especialmente reforzados.
Su función es dividir el ímpetu de aguas torrenciales y los troncos que arrastran las crecidas. En regiones de clima más calmado, muchos puentes romanos no los necesitan. Los que se construyeron aquí, sí.
Las Calzadas Romanas: Vías Pensadas para el Agua
Las vías romanas en Galicia (como la Vía XIX que unía Braga con Astorga) tienen un diseño específico:
- Cunetas laterales profundas: Para evacuar el agua de lluvia constantemente.
- Elevación central (bombeo): El centro de la calzada es más alto que los laterales para que el agua no se acumule.
- Capa de drenaje bajo el empedrado: Grava para filtrar la humedad permanente del suelo.
No construyes así para lluvias esporádicas. Construyes así porque la lluvia es la norma.
Las Tejas Romanas: Tegulae e Imbrices
Las tejas romanas encontradas en excavaciones en Galicia (como en Aquis Querquennis o en Lugo) tienen un diseño de doble capa: tegulae (planas) e imbrices (curvas). Este sistema está optimizado para evacuar grandes volúmenes de agua rápidamente. En zonas mediterráneas más secas, a veces bastaba con un sistema más simple.
Conclusión: Construyeron para la normalidad húmeda atlántica, no para una anomalía. Los romanos no esperaban un evento extraordinario. Esperaban lo habitual.
2. La Arquitectura Popular no Miente: El Hórreo
El hórreo es un tratado de climatología en madera y piedra. No hace falta leer el manual: su diseño lo dice todo.
- Elevado sobre pilares (tornarratos): Para evitar la humedad del suelo.
- Rendijas de ventilación en las paredes: Para evitar el moho en un aire permanentemente húmedo.
- Techos con aleros pronunciados: Para que el agua de lluvia no moje los muros.
Es una respuesta arquitectónica perfeccionada durante siglos a un problema constante. No se construye así para algo esporádico. Se construye así porque la humedad es la norma.
3. La Tierra que Chupa Más Agua que un Cantero un Bocadillo a la Hora del Almuerzo
Hay una expresión local que lo resume perfectamente:
"Aquí la tierra chupa más agua que un cantero un bocadillo a la hora del almuerzo."
El suelo gallego es ácido y esponjoso. Tiene una capacidad de absorción hidráulica impresionante. Y no es casualidad: está diseñado por milenios de lluvia para drenar y filtrar.
La Paradoja Gallega: Mucha Lluvia, Pocas Inundaciones
Aquí está el dato clave que nadie menciona:
- Santiago de Compostela: Unos 1.700-1.900 mm de lluvia al año.
- Valencia o Alicante: Unos 400-500 mm al año.
Galicia recibe entre 3 y 4 veces más lluvia anual que el Mediterráneo. Y sin embargo, las inundaciones catastróficas por "gota fría" no ocurren aquí.
El Experimento Mental: 200mm en Unas Horas
Hagamos la comparación justa: mismo volumen de agua, mismo tiempo.
En el Mediterráneo: Cuando caen 200 mm en unas horas, el resultado es catastrófico. El suelo arcilloso, seco y compactado no puede absorberlo. El agua corre por la superficie, arrastra todo a su paso y colapsa las ramblas. Resultado: inundaciones, coches flotando, pérdidas humanas.
En Galicia: Si cayeran esos mismos 200 mm en el mismo tiempo (algo extremadamente raro aquí), el resultado sería muy diferente:
- El suelo esponjoso y ácido absorbería gran parte del agua inmediatamente.
- La orografía con pendientes distribuiría el agua hacia los ríos de forma gradual, no en torrente.
- Los lechos de los ríos (Sar, Sarela, Tambre) están dimensionados para grandes caudales. No son ramblas secas.
- La vegetación autóctona (cuando existe) retiene y filtra. Las raíces son esponjas naturales.
¿Habría problemas? Sí, seguramente. ¿Sería la misma catástrofe? No. Porque este suelo, este ecosistema, está diseñado por milenios para gestionar agua. El suelo mediterráneo no lo está.
Esa es la diferencia entre un clima estable y un suelo adaptado, frente a un clima errático y un suelo inadaptado.
4. Los Testigos Literarios: Rosalía, Castelao y la Lluvia Eterna
Rosalía de Castro escribió su poesía empapada de orballo y niebla. En "Follas Novas" (1880) y "Cantares Gallegos" (1863), la lluvia no es una anomalía: es el telón de fondo constante. Castelao dibujó su Galicia rural bajo cielos grises en "Cousas" (1926) y "Nós" (1931).
Ellos no escribían sobre "eventos extremos". Escribían sobre el clima de siempre. Son el testigo literario de hace un siglo.
Si el clima hubiera cambiado drásticamente, sus descripciones nos parecerían anacrónicas, exóticas. Pero no: siguen siendo exactamente reconocibles. Incluso Valle-Inclán, en sus "Sonatas" (1902-1905), describe una Galicia "húmeda, verde y melancólica". Mismo clima, misma lluvia, hace más de 120 años.
5. El Dato Objetivo: La Pluviometría de Santiago (desde 1866)
La estación meteorológica de Santiago de Compostela registra datos desde 1866. Eso son 160 años de datos continuos.
¿Qué muestran esos datos?
- No hay una tendencia clara a la disminución de la lluvia anual.
- Hay una variabilidad enorme de un año a otro (un año seco, otro húmedo).
- La media anual se mantiene persistentemente alta.
Esta es la prueba numérica de que el régimen de lluvias es estable.
6. El Diseño Urbano Medieval: Soportales, Gárgolas y Empedrados
El casco histórico de Santiago es otro testigo silencioso del clima de siempre:
Las Gárgolas de la Catedral
Las gárgolas de la Catedral de Santiago (y de todas las iglesias románicas y góticas gallegas) no son solo decorativas. Su función es proyectar el agua de lluvia lejos de los muros para evitar que la humedad erosione la piedra. Hay decenas de ellas. No se instalan decenas de gárgolas si la lluvia es ocasional.
Los Soportales y Rúas Cubiertas
Las rúas do Franco, do Vilar, da Raíña... Muchas calles del casco antiguo tienen soportales (arcadas cubiertas) en sus bajos. ¿Por qué? Para que la gente pueda caminar protegida de la lluvia constante. Es arquitectura de adaptación al clima húmedo.
El Empedrado con Pendiente
Las calles de Santiago están empedradas con adoquines de granito en forma de lomo de pez, con pendiente hacia los laterales. Cada calle tiene canaletas laterales para evacuar el agua. Este sistema medieval (algunos tramos del siglo XII-XIII) sigue funcionando hoy. Porque fue diseñado para lluvia permanente.
🪓 SEGUNDA PARTE: La Transformación Real
Lo que SÍ ha cambiado (y duele)
1. La Pérdida del Frescor: Las Carballeiras Taladas
Los más veteranos de la conversación lo recordaban bien: en las romerías de verano de su infancia y juventud, lo normal era poner una toalla bajo las carballeiras centenarias. Algunos hablaban de la romería de San Lourenzo de Trasouto, otros de la de San Paio de Antealtares.
Esas masas de robles (carballos) creaban un microclima fresco, húmedo y sombrío. Incluso en agosto, bajo su sombra, había frescor. El suelo estaba cubierto de hojarasca que se descomponía lentamente, alimentando el suelo. Las raíces retenían el agua como una esponja natural.
Ese microclima ha ido desapareciendo. No por un ciclo climático. Por la mano del hombre.
Las carballeiras se talaron para ganar terreno agrícola, para urbanizar, y sobre todo, para plantar otra cosa.
2. El Cambio que Todos Hemos Visto: La Invasión del Eucalipto
Todos en la mesa coincidimos: hemos visto la transformación del paisaje en tiempo real. Del verde oscuro del pino y del roble al verde plateado y sediento del eucalipto. Uno de los presentes recordaba cómo en los años 60 y 70 se incentivaba desde las instituciones plantar eucalipto "porque crecía rápido y daba dinero".
Hoy, el eucalipto es la especie arbórea más extendida en Galicia. No llegó solo. Fue incentivado por políticas de fomento para la industria papelera.
El Efecto Desertificador: El Golpe Técnico
El eucalipto no es "solo un árbol más". En monocultivo denso, como se planta aquí, tiene un efecto devastador:
- Alelopatía: Libera sustancias químicas que envenenan el suelo, matando la competencia vegetal. Nada crece bajo un eucaliptal.
- Hojarasca tóxica: Sus hojas se descomponen mal, acidifican aún más la tierra y no nutren el suelo. Crean una capa seca e inflamable.
- Raíces agresivas: Acaparan todos los recursos hídricos y nutricionales del suelo. Secan el terreno circundante.
- Resultado final: Un suelo más ácido, más pobre, más seco y biológicamente muerto. Pérdida de la capacidad del suelo para actuar como esponja. Es el inicio de un proceso de desertificación encubierta.
La ironía australiana: En su hábitat natural, en Australia, el eucalipto es parte de un ecosistema equilibrado. Aquí, en monocultivo denso y sin sus reguladores naturales, es una fábrica de suelo estéril.
🌧️ Conclusión: La Ironía Final y la Lección
La Paradoja Definitiva
Es precisamente gracias a que el clima atlántico gallego NO ha cambiado –a esa lluvia obstinada y generosa– que no estamos ante un paisaje desértico.
El experimento mental: Si este modelo de monocultivo de eucalipto se aplicara en la Sierra de Madrid, el resultado sería, en poco tiempo, tierra yerma y erosionada.
En Galicia: La lluvia actúa como un parche de urgencia constante. Mitiga el daño, enjuaga la acidez y da la falsa sensación de que "aquí no pasa nada". Estamos jugando con el margen de error que nos da la lluvia de siempre.
El Mensaje Final
- ✓ Nuestro problema no es que el clima esté cambiando a peor.
- ✓ Nuestro problema, y nuestra suerte, es que el clima se ha mantenido fiel a sí mismo.
- ✓ Esa fidelidad es el único colchón que tenemos contra las consecuencias de haber cambiado nosotros, de forma tan radical, el bosque que nos protegía.
La próxima vez que oigan un titular alarmista, miren a su alrededor. Miren los puentes viejos, los hórreos, la tierra después de la lluvia. La historia, la arquitectura y el suelo llevan siglos contándonos la misma verdad. Solo hay que saber escuchar.
— Antonio
Con el permiso de los que participamos en esta charla
el martes 3 de febrero de 2026,
en una mañana lluviosa y fría